De cine
El divorcio fue devastador. Mi vida desde entonces se reduce a ser la mamá de una niña de seis años que requiere, lógicamente, mis cuidados, y a cumplir, como puedo, con las obligaciones que marca la vida.
Este mes mi casa se ha quedado en silencio. Mi hija está de vacaciones con su padre y, aunque no tengo horarios ni excesivas responsabilidades, la soledad pesa, aburre y también está despertando sensaciones y deseos de mujer. Todavía no estoy preparada para conocer a hombres ni se me pasa por la cabeza tener algún encuentro sexual, aunque sí fantaseo con ello, así que parte de mi letargo estival lo dedico imaginar una vida sexual que no tengo, a leer relatos eróticos y a ver algunos vídeos de adultos mientras acaricio, levemente, mi piel.
Fue en una de mis búsquedas por redes cuando di con los retos que propone unlockdesire.com. Les escribí un DM, me presenté, y tras una corta entrevista me sorprendió el reto que me propusieron: ir al cine. Sencillo, controlado, sin contacto. Ideal para las calurosas noches de verano. ¿Y ya? ¿Solo eso?
Después vinieron las instrucciones:
- Ir sola.
- Elegir un cine fuera de mi entorno, una película que no me interesase demasiado y una sala con poco público.
- Pedir asiento en la parte de atrás del cine, pero no en las últimas filas, y en uno de los asientos centrales.
- Llevar un vestido corto, suelto y con movimiento, y no usar ropa interior.
- No mirar atrás bajo ningún concepto, pero estar pendiente de sonidos, olores o movimientos que viniesen de allí.
- Relajarme y disfrutar. Los límites los pondría yo. De mí dependería liberar el deseo.
No tuve que dar ninguna información sobre el cine, ni la fecha, ni la sesión a la que iría, así que quedaba descartado que en mi reto interviniese algún otro unlocker, lo cual me tranquilizó. Mi experiencia estaría orquestada solo por mí.
El día del reto elegí un vestido blanco, ligero y vaporoso. Me arreglé como si fuese a tener una cita, incluso en mi bolso metí las bragas que no llevaba puestas y un pequeño neceser con aseo básico. ¿Qué pensaba, que no dormiría en casa? Duchada, depilada maquillada, perfumada.... Excitada y loca.
Fui a un cine del centro, de esos que ponen las películas en versión original subtitulada, y elegí una de la que no había oído hablar y en un idioma que no conozco. Posiblemente, un bodrio. La sesión de la noche compensaría el calor acumulado del día y el que mi cuerpo emanaba, sabiéndose desnudo bajo el vestido. Pedí mi entrada en un sitio que respetase las instrucciones que me habían dado y entré, por fin, en la sala, sin fijarme en nada ni en nadie, con la mirada miope de quien no reconoce nada más que siluetas y sombras.
Durante unos minutos dejé que la oscuridad me envolviese y puse mi oído en lo que estaba pasando detrás de mí.
No sabría decir cuántas personas había en la fila de atrás. Escuché una conversación masculina banal, pero no fui capaz de averiguar si eran dos o más personas y si había alguna mujer entre los espectadores sentados a mis espaldas. Daba igual, en mi cabeza había dos hombres atractivos desatentos a la película, más pendientes de mi melena y de mis manos, que tocaban lentamente mi nuca y mi cuello. Imaginé que se habían dado cuenta de mi estado, que las caricias en mis hombros y los tirantes del vestido caídos sobre mis brazos respondían a la excitación que me producía sentirme vigilada por dos extraños. La sensación era cada vez más intensa, no podía quedarme quieta en la butaca, necesitaba el contacto de mis manos en mi piel. Mis hombros, mi escote, mi cuello... Me aflojé el lazo que el vestido llevaba en el pecho y, con los tirantes caídos y el escote bajo, unos ojos despiertos habrían descubierto buena parte de mis pechos. Los acaricié, me entretuve en sentir mis traviesos pezones fuera ya del vestido. Mi excitación iba en aumento. La notaba en la parte más baja de mi vientre.
Cada sonido a mi espalda parecía dirigido a mí: un movimiento de tela, el leve crujido de una butaca, el silencio envolvente, la respiración cercana... La sensación de ser observada me descontroló: yo era sexo buscando sexo.
Me recompuse y coloqué el vestido, pero duró poco. Estaba húmeda y movía mi pelvis como quien busca algo con lo que rozarse capaz de calmar y, paradójicamente, agrandar el deseo tan fuerte que estaba sintiendo. Me subí el vestido, dejé mis muslos al aire y separé las piernas. Reconocí mi olor. Acerqué mis dedos a mis ingles y aún más al centro, a la mojada parte de mi cuerpo que pedía a gritos atención. La dejé al descubierto y creí que los dos hombres silenciosos podían verla gracias a la luz de la pantalla.
Quise quedarme inmóvil para alegrarles la vista, pero no podía más, empecé a rozarme de nuevo, expuesta, contra el asiento de la butaca, acerqué mis dedos a mi entrepierna, mientras imaginaba que esos hombres me devoraban desde atrás y que quizá también necesitasen el contacto que mi silencio en llamas estaba pidiendo.
Supe no sé cómo que la película había terminado: solo había música y algo de movimiento en las filas delanteras. Me coloqué el vestido antes de que se encendiesen las luces y me quedé quieta. "No mirar atrás bajo ningún concepto". Esperé sentada a que saliesen los espectadores de las filas traseras, solo me atreví a subir la mirada cuando en mi fila no quedaba nadie y, entonces, entre la gente que bajaba hacia la salida, dos chicos, quizá diez años más jóvenes que yo, miraron hacia mí. Les devolví el gesto con una mirada que forcé provocadora, sensual, lasciva. Mi rostro encendido lo decía todo.
Salí de la sala temblando. ¿Estarían esperándome? ¿En qué lío me había metido? ¿Me habría imaginado todo?
No vi a nadie y me metí jadeante en el baño. El corazón me iba a mil. Saqué el neceser del bolso, lo abrí creo que para acicalarme un poco, pero el deseo se impuso y me toqué salvajemente: necesitaba terminar lo que había empezado. Sin pensarlo, cogí del neceser mi desodorante en roll-on y empecé a tocarme con él y a embadurnar con la mezcla de su líquido y mis fluidos mi vulva y mi vagina. Me froté bruscamente una y otra vez. Aullé.
La forma del recipiente ayudó a que pudiese introducirlo en mi vagina desde su parte de abajo y lo moví muy fuerte. Me senté, sintiéndome llena, en la tapa del inodoro, me moví en círculos, apreté, solté, subí, bajé, gemí, gemí ... Y exploté. Liberé mi deseo, excitada y loca, y sin saber aún si aquellos dos desconocidos estaban fuera esperándome.